Pilates y Alzheimer

¿Qué es el Alzheimer?¿Existe una cura definitiva? ¿Qué tratamientos existen? ¿El ejercicio físico y, concretamente el  Método Pilates pueden ayudar? Nos aventuramos a resolver esas dudas a lo largo de este artículo, para el cual nos hemos sumergido en la literatura científica para intentar arrojar algo de luz sobre el papel de la actividad física en esta patología

Según la OMS (2017) “La demencia es un síndrome, generalmente de naturaleza crónica o progresiva, caracterizado por el deterioro de la función cognitiva”.

Entre el 60% y el 70% de los casos, la demencia padecida se trata de Alzheimer, cuya afección o deterioro se centra en la memoria, el pensamiento y el comportamiento.  Dependiendo de la edad en la que aparece se pueden distinguir dos tipos de Alzheimer: el de aparición temprana (antes de los 60 años) y el más común, el de aparición tardía (por encima de los 60 años).

En los datos mostrados por la Alzheimer’s Dissease International (2015), en 2015, 10.5 millones de personas lo padecían en Europa, cifra que seguirá aumentando previendo sobrepasar los 13 millones en 2030.

El resultado de esta afección es la pérdida progresiva de las conexiones entre neuronas, perdiendo la habilidad de funcionar y comunicarse y muriendo finalmente en el cerebro. Al final, el paciente pierde por completo la memoria, la actividad mental, interfiriendo en su capacidad para realizar las actividades de la vida diaria.

Aún no existe una cura para tratar el Alzheimer. Esto quiere decir que los tratamientos que existen solo ralentizan los efectos de esta enfermedad o calman sus síntomas. Por ello, algunos autores como Hoffmann y cols. (2013), subrayan la necesidad de investigar más sobre tratamientos no farmacológicos, como es el caso de, nuestro amigo, el ejercicio físico.

 

Numerosos autores han demostrado que, mediante la realización de ejercicio físico, se obtienen muy buenos resultados en pacientes con Alzheimer: mejoras en el desempeño de actividades cotidianas, en trastornos neuropsiquiátricos, disminución de los síntomas depresivos, mejoras cardiovasculares y cardiorrespiratorias, en los componentes de la capacidad funcional (flexibilidad, agilidad, equilibrio y fuerza) y en los componentes cognitivos (atención, memoria visual…).

 

¿Cómo han de ser estos programas de ejercicio físico? Revisando diferentes artículos hemos podido extraer que la manera más eficaz de preparar un programa de ejercicio físico para causar mejoras en enfermos de Alzheimer consiste en combinar distintas capacidades físicas (fuerza resistencia, resistencia aeróbica, flexibilidad, equilibrio, agilidad) con otras tareas cognitivas que requieren centrar la atención en ellas. La frecuencia de entrenamiento debería de ser de, al menos tres veces a la semana, en sesiones de más de media hora, con una intensidad moderada (65-75% FC máx.).

De un artículo de Coelho (2013) y de Hernández (2015), podemos extraer los contenidos para esa sesión de 60’ ideal para personas con Alzheimer: los cinco primeros minutos se dedicarían a efectuar un calentamiento, los veinte minutos siguientes se realizaría un trabajo de la capacidad aeróbica, y en los últimos treinta y cinco minutos se llevarían a cabo tareas combinadas en las que, durante la ejecución de una tarea motora  (ej. caminar, ejercicio con pesos, tirar una pelota arriba y abajo…), los participantes pronunciarían  nombres (de plantas, animales, frutas…), contarán hacia atrás, o dirán figuras y colores.

 

El Pilates podría ser un buen método para ese trabajo de flexibilidad, equilibrio, agilidad y fuerza resistencia que necesitan estas personas. Una vez más, aplicando de manera correcta sus principios, podríamos mejorar su movilidad, la capacidad funcional para labores de la vida cotidiana o contribuiríamos en la prevención de posibles caídas, uno de los grandes riesgos que corren este tipo de personas. Además, a través del principio de concentración y la exigencia de que el movimiento sea consciente, que caracteriza este método, ayuda también a trabajar esas habilidades cognitivas de las que antes hablábamos. También sería interesante para el desarrollo de estas habilidades, la combinación de ejercicios de Pilates con tareas cognitivas como proponían, de manera genérica, los autores anteriormente citados.

Como ves, el ejercicio físico y, como tal, el Pilates, puede ser una buena medicina para el tratamiento de enfermedades y patologías. Una buena dosis de movimiento y actividad física, siempre supervisada por expertos en la materia, contribuye a una mejor calidad de vida. Ya es hora de ir concienciándonos de ello.

 

Entrada escrita por David Díaz, Grado en CAFD y miembro de Pilates Vitae.